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Algo hay

Hay una silla en el medio de la casa.
Gris oscura es la pared que alcanzo a ver, la ventana está cerrada, pero pareciera abrirse con el viento.
La heladera a mi derecha, es marrón gastado, es vieja, es usada, es fea.
Hay un sillón a mi izquierda, verde, como los mosaicos, verde como el marco de la puerta, como el pasto de afuera.
El techo combina a la perfección con la heladera, viejo y gastado, viejo y usado.
No puedo caminar, siento los pies pegados al piso, mis manos a mi cuerpo, mis dedos a mis manos, mi piel inamovible.
Entro en pánico, trato de calmarme, imposible.
Me desespero. No puedo.
Quiero caminar, quiero gritar, ansío salir corriendo de acá, tengo que estar.
Escucho tu voz que me llama desde más allá de la silla, la silla……chiquita, el respaldo está roto, el asiento humildemente reparado mil veces.
El piso es un precipicio, no logro ver el fondo.
Tu voz se desgarra con cada palabra que me grita, no llego, no me puedo mover.
No termina nunca este pasillo que no me deja ver.

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