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Es.

Claro, todos somos diferentes.
¿Cómo entenderlo sin que el mundo se nos caiga encima cuando el tiempo del otro no es el mismo que el nuestro? 
Buscamos constantemente la manera de sentir la "famosa" estabilidad entre la mente, el cuerpo y el alma. ¿Cómo lo podemos lograr si el corazón manda?
Sí, entiendo, cada uno tiene sus tiempos, ¡su vida! pero en el fondo, en definitiva, todos buscamos lo mismo, amor.
Y cuando crees coincidir al fin, y que el alma se llena de paz, cuando las palabras te van llenando las mañanas y las noches, cuando pensas con inmensa certeza: "Sí, es". 
Pero es diferente, es a su manera, con su camino y su tiempo. Es con su amor, con su infinita y dulce calma, contra tu intensa tormenta, tan incontrolable y desesperada.
En ese momento, en el que no estás pudiendo ni con vos misma, intentas, cerrando los ojos, bajar a la tierra, pisar, sentir, respirar y contando hasta mil, al fin lo lográs y te volves a decir con profunda certeza: "Si, es". 
Y sí, sos.

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